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LOS ARTESANOS DE LA SERIE B

LOS ARTESANOS DE LA SERIE B

 

 

 

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El “otro” Hollywood, el pequeño. Poverty Row:  la zona donde operaban los estudios más modestos y en donde los rodajes con pocos días de plazo y el trabajo en condiciones durísimas estaban a la orden del día: Monogram, PRC….
Allí  se fabricaban con esfuerzo, imaginación y poquísimo dinero las películas complementarias para los grandes estrenos, las  llamadas Serie B.
En este terreno, hubo directores y artesanos que resaltaron con fuerza tanto por su personal manera de contar historias como de acomodarse a los vaivenes de la escasez, con talento, imaginación y un sentido plástico determinante.

Demostraron ser capaces de hacer mucho con muy poco.

 

EDGAR G. ULMER

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El Sultán de lo barato o de cualquier otra categoría inventada que estuviera por debajo de esa “b” que, para Ulmer, era una aspiración de lujo y promesas en comparación con los irrisorios presupuestos que solía manejar y los leoninos tiempos de rodaje de los que disponía.
Décadas después, este artista íntegro que se negó a rendir su vida personal o su visión propia a las exigencias de la Fábrica de Sueños, que también lo es de pesadillas, sería reconocido como uno de los grandes del cine “pequeño”.
Para Ulmer, la vida sobre la tierra es una cárcel o un infierno de los que los individuos sueñan, en vano, evadirse. Esta visión claustrofóbica de la existencia, amante de los espacios reducidos, permitió que Ulmer, en el mundo limitado del cine B, pudiera crecer como un verdadero artista.

“DETOUR”: Una road movie mental

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Se atreve con juegos musicales y de ritmo narrativo que se adelantan al cine fantasmagórico de Hichcock en Vertigo y al sonido extradiegético de Ugetsu Monogatari de Mizoguchi. Una película rodada en seis días, con un reparto escaso y un presupuesto de 20.000. Ulmer nos conduce a un viaje fatídico con el protagonista, Al Roberts: “El destino, o alguna fuerza misteriosa, puede señalarnos con un dedo a tí o a mí sin ninguna razón en concreto.”

Lo más interesante del film es su sensación claustrofóbica de ensueño. Los contrastes de luces y sombras exagerados y esa capacidad para influenciarse del expresionismo alemán, con categórica modernidad, dejan constancia de esta rara avis que hace de la diferencia y la originalidad sus signos de identidad.

Su mayor poder narrativo es el de jugar con los pensamientos del espectador, con lo que sabe y, sobre todo, con lo que cree saber. La narración está contada a modo de flashback durante casi toda la historia, recurso que aparte de reducir el gasto económico, añade un ambiente de ensoñación muy particular. Otro tema importante es el de la voz en off. Además de razones económicas, sitúa al protagonista entre el bien y el mal, siempre al borde del abismo. Esto carga el ambiente de situaciones ya de por sí psicóticas, de climas enfermizos colmados de culpas, miedos e impotencias. Detour contagia todo el patetismo y la impotencia de quien está sometido a un destino que escapa a su control.

La música es terriblemente creativa y cumple siempre con su función de ambientar y, especialmente, a la hora de servir de apoyo al narrador sumiéndonos en una exquisita pesadilla.
En definitiva, una cinta con una estructura aparentemente sencilla pero en realidad difícil de desmenuzar, ya que carece de patrones reconocibles y se guía de modo intuitivo, fascinante en su desequilibrio y libertad de movimientos.

David Lynch encuentra a Edgar G. Ulmer:  Detour Vs Lost Highway

 

JOSEPH LOSEY

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Uno de los grandes olvidados.
Durante los años sesenta Losey se hizo acreedor de un enorme prestigio gracias a una filmografía ideológicamente combativa, abiertamente personal, de poderosa y meticulosa factura. En sus trabajos los fluidos desplazamientos de cámara, las interpretaciones llenas de fuerza, el uso expresivo de los decorados así como las localizaciones se combinan para desvelar un análisis fascinante de las jerarquías, la envidia, la dominación y las diferencias sociales.
En su anarquía interior, Joseph Losey pretende incidir en el ánimo del público a través de la miseria de los personajes procurando que la sensibilización del espectador se mantenga en su justo término a fin de no impedir la reflexión.

Resulta inevitable vincular su filmografía con sus propias circunstancias personales. Y muy especialmente con el negro periodo conocido como “la caza de brujas” que marcó su vida y su obra. Losey aprovechó el rodaje de Imbarco a mezzanotte (1952) para no regresar a los Estados Unidos. Para Losey, tanto artisticamente como fisicamente, el convertirse en un ser errático, casi en un apátrida, le confería las dosis de libertad de las que se le privaba en su país de origen.

La soledad y la inconcreción de unos modelos conductivos determinados aboca a los seres que pueblan los films de Losey a una brutal crisis de identidad. El carácter del cine de Joseph Losey abarca un buen número de lineas temáticas adicionales. Pero, las ya mencionadas se hallan tan estrechamente unidas a su propio ser que da la impresión que varias de sus obras no son sino violentas catarsis personales, tan imprevisibles como necesarias.

El cine como claro reflejo de la vida filtrado por la poderosa, atormentada y comprometida mirada de un cineasta extraordinario. Por tanto, quedaría por comprobar si es verdad que su cine se ha quedado estancado en el discurrir  de los años o si es el tiempo en que vivimos el que no está a su altura.

THE SERVANT (El Sirviente)
(UK, 1963 – 111min. v.o.s.e)
Director: Joseph Losey

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Este film inició una feliz colaboración entre Losey y el autor teatral Harold Pinter. Los importantes orígenes escénicos de Losey podían facilitar la compenetración entre guionista y director, algo que no disimula la componente teatral del film. Casi toda la ambientación en el interior de la aristocrática y londinense mansión georgiana de Tony, y la limitada nómina de personajes principales, hace que nos encontremos ante un film “de cámara”.

Todo el arsenal de medios narrativos y de puesta en escena están al servicio de una parábola en torno a las relaciones entre amo y sirviente. The Servant reconstruye el proceso de despojamiento del poder del amo por parte de un sirviente exquisitamente “profesional” que no sólo se hará con el poder de la casa, sino que le encaminará hacia su destrucción moral mediante un plan casi diabólicamente trazado y desarrollado.

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Esa inversión de las relaciones de poder adquiere obvias resonancias sexuales y por tanto desborda la relación profesional para alcanzar una dimensión casi existencial.
The Servant no deriva de la significación ideológica de su argumento, ni en la adecuación de los diálogos, ni en la agudeza de su observación de las relaciones de clase en la Gran Bretaña de los años sesenta. The Servant fue y sigue siendo un film importante gracias a la capacidad de expresar todo eso mediante la idoneidad y brillantez de su puesta en escena; es decir, de su intrínseco valor cinematográfico, algo tal vez tan olvidado hoy como injustamente el propio nombre de Joseph Losey
José Enrique Monterde en Dirigido por….nº 340

THE CRIMINAL (El criminal)
(UK, 1960 – 97 min. v.o.s.e)
Director: Joseph Losey

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En The Criminal hay dos microcosmos semejantes, cuyos controladores persiguen los mismos objetivos. Por un lado está la cárcel y, por otro, la sociedad exterior a ella. Johnny Bannion vive en ambos, primero como recluso, luego en un estado de libertad vigilada, y más adelante de nuevo como recluso. Entre el primero y el último media un atraco, que lo lleva de nuevo entre rejas. El extraordinario comienzo de la película no sólo se detiene sobre la idea del atraco que piensa cometer Johnny Bannion, sino que muestra bien cómo funciona ese mundo cerrado, sometido, igual que el otro a los dictados y caprichos del poder.

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Losey se sirvió para ello de la llegada de un recluso, Kelly, a quien el resto de los encerrados detesta por su conducta anterior; eso le permitió describir el funcionamiento interno del presidio; de las consignas que los reclusos hacen correr entre ellos a raíz de esa llegada, de los rituales que presidiarios y carceleros siguen con motivo de un nuevo internamiento y del orden que se observa en ese lugar, vigilado por el jefe de los guardianes, Barrows, a quien sólo le preocupan sus intereses personales que han hecho de él un individuo tan siniestro, o más, que los allí encerrados. (…)

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La cámara pasa de un grupo de reclusos a otro  como en el patio de vecindad de una película neorrealista, los rumores cesan con la llegada de Kelly, los encuadres sugieren represión y autoritarismo, y la profundidad de campo permite ver acciones simultáneas en primer término y al fondo de los planos. Intensidad; una intensidad sobre la cual sopla el viento opresivo del cool jazz servido para la ocasión por Johnny Dankworth.

 

Un plano exterior del patio de la cárcel sugiere en ocasiones que no hay diferencias estructurales en lo que acontece dentro y fuera de ella. En el fondo, The Criminal no hizo sino expresar mejor que cualquier otra película de Losey la obsesión de este cineasta por los universos cerrados, las atmósferas claustrofóbicas y las relaciones de poder y dependencia.

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Pero está también la idea del atraco. Losey tenía la pretensión de desarrollar íntegramente el film dentro de la cárcel, con objeto de hacer más evidentes las semejanzas entre lo que podríamos llamar mundo interior y mundo exterior, sometidos ambos a la misma tiranía de poder, sin embargo, los productores temieron que eso limitara la aceptación de la película y exigieron que el relato “respirara” mediante un largo fragmento intermedio dedicado al robo,

que el realizador resolvió con extrema sencillez para detenerse más, en cambio,

en la relación que mantiene Bannion con sus cómplices y con una mujer, Suzanne, a la que conoce en una fiesta que le dan aquéllos para celebrar su salida de presidio.

La idea del robo está latente en la mayor parte de cuanto acontece en presidio en la primera parte y determina asimismo la puesta en escena, atenta a lo que sucede y a lo que va a suceder, con el propósito de vincularlo al funcionamiento de ese microcosmos representado tanto por los funcionarios de prisiones como por los presos.

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Una vez fuera, las tensiones de las relaciones personales no desaparecen sino que se incrementan, con una correspondencia musical que contribuye a hacer la atmósfera pesada y opresiva.

José Mª Latorre en Dirigido por…. nº 376

ACCIDENT (Accidente)
(UK, 1967 – 105 min. v.o.s.e)
Director: Joseph Losey

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The Servant iniciaba una feliz colaboración entre Joseph Losey y el autor teatral Harold Pinter, uno de los escritores inscritos en el movimiento de los angry young men, que luego se prolongaría a Accident y The Go-Between.

Stephen Jervis, profesor de filosofía; su mejor amigo, un afamado escritor; las victimas, dos alumnos, una joven alemana y un aristócrata inglés.

 

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Novela de relaciones frustradas, de anhelos y quebrantos, que transcurre en Oxford. Stephen nos desvela todo lo que precede al accidente, y en sus recuerdos cristalizan el horror y la poesía de la existencia, la crisis de identidad de un profesor para el que la juventud es algo más que un pretérito.

 

 

accident j. loseyFurtivos encuentros sexuales, amistades de juventud defraudadas, rivalidades y envidias apenas encubiertas, reencuentros con antiguas amantes, estampas familiares falsamente idílicas, y finalmente un accidente automovilistico que volverá -aparentemente-a poner en su orden el mundo de los demás, todo ello relatado con la valentía del que es consciente que el interés de lo narrado no se encuentra en las incidencias descritas sino en la elección del camino a seguir que las debe de hacer más atractivas.

 

 

NICHOLAS RAY: Johnny Guitar (1954)

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La textura de la película es la de un sueño. La de un western onírico, si es que ese género existe. “La película más bonita del mundo gracias a sus imperfecciones”, la tildó Jean Wagner. Pero ante todo es la obra de un autor personalísimo y original. La hizo Nicholas Ray. Pero primero la soñó, de eso no hay duda.

Johnny Guitar es una película hipnótica y fascinante. En ella no existen los tiempos muertos pues como inician su desarrollo quedan súbitamente interrumpidos con el fin de evitar algún respiro en el relato. Simultáneamente a este efecto dramático impetuoso y vehemente confluyen otros atributos magnéticos de esta película: la luminosa y colorista fotografía, la puesta en escena abstracta y telúrica, la enorme violencia interior que proyectan sus personajes, así como la subversión de las convenciones del género la cual propicia que la figura de la mujer se erija en heroína estelar de la narración.

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La gestación de esta rara avis se produjo cuando la industria del cine hollywoodiense comenzó a conocer a un potente competidor, el cual empujó al público a abandonar paulatinamente las salas. Este enemigo fue la televisión y Herbert J. Yates que fundó una modesta compañía cinematográfica llamada Republic, basada en la política de la Powerty Row y cuya vida se prolongó durante prácticamente un cuarto de siglo en la que realizó una producción próxima al millar de películas. Dicha compañía se esforzó en generar un prestigio de calidad sin olvidar en ningún momento las limitaciones económicas que tenían. Se especializó, fundamentalmente, en el western y el cine negro. Y Johnny Guitar es un ilustre ejemplo.[....]

Rodada en ocho semanas, durante los meses de octubre y noviembre de 1953, en los estudios de la Republic y los exteriores en Red Rock Country, cerca de Sedona (Arizona), mediante la técnica fotográfica de Trucolor, un proceso desarrollado por la Consolidated Film Industries, el laboratorio cinematográfico propiedad de la Republic Pictures, que tenía a gala intensificar los colores.

Johnny Guitar fue concebida con poco presupuesto. Los estudios no entendían muy bien las intenciones de Ray en lo referente a su forma de hacer cine, y lo mejor que podían hacer era limitarse a formalizar con él películas de Serie B que costaran poco dinero y se hicieran rápido.

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Johnny Guitar prosigue con la denuncia sobre la paranoia de la persecución, aludiendo explícitamente a la política mccartista y además reforzando la figura de la mujer como sujeto activo en la voz y el mundo del western, un género que, tradicionalmente, estaba dominado por los hombres. En Johnny Guitar, el hombre es un “violento que no quisiera serlo” y la mujer “es moralmente más fuerte que él, porque ese tipo “duro”, eterno protagonista de Ray, es un débil, un hombre-niño: siempre la misma soledad moral, siempre los mismos enemigos al acoso, a veces para linchar.”

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En Johnny Guitar las tensiones son manifestadas desde el mundo interior de los protagonistas hacia fuera, hacia la belleza temblorosa de sus rostros, pero también verbalizando los sentimientos más profundos. Las tensiones igualmente se representan mediante el estremecimiento de la tierra ya que está a punto de ser cercenada por el hombre para incorporar la huella de la civilización, además de ser expresadas con la furia del viento y así alertar la tragedia del hombre cuando éste trata de imponer la intolerancia, la traición, la delación, la persecución y el fanatismo.

Más allá de esta lucha sexual hay otra de signo ideológico: la lucha por la libertad, por elegir su propio destino. Pero dichas hostilidades carecen de una base psicológica ya que el espectador no tiene una formación sólida en la construcción de los personajes debido a que a cada uno de ellos se les atribuye unos valores abstractos que sirven para construir un discurso que trasciende el referente implícito (la caza de brujas).

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El recurso de la alegoría, pues, nos puede dar una de las pistas de este moderno filme ya que logra con ello revitalizar un género que se encontraba en franca decadencia. Tal es la fuerza hipnótica y rejuvenecedora que impregnan las imágenes de este western romántico y progresista.

 

 

 

Johnny Guitar es el perfecto ejemplo de una película pequeña que alcanza el estatus de clásico.

Una de las obras más admiradas por los amantes de la poética del cine.

 

LEONARD KASTLE : The Honeymoon Killers (1970)

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Basada en un hecho real acaecido en los años cincuenta, la película narra la sangrienta trayectoria criminal de una pareja, Martha y Ray, que se conoció a través de una agencia matrimonial. Su objetivo son mujeres solteras o viudas solventes a las que Ray corteja para deshacerse de ellas posteriormente. Cruda, brutal, la mejor y más arriesgada de las creaciones cinematográficas del affaire criminal de Beck y Fernandez, la única película como director de Leonard Kastle es un producto independiente del “nuevo” Holywood renacido tras décadas de censura.

 

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Diseñada en blanco y negro con un presupuesto bajísimo, Kastle la escribió basándose en las transcripciones judiciales del caso real, pero a la vez funciona como una áspera parodia de la Norteamérica más patriotera y conservadora y de sus casas suburbanas de clase media con su mundo de plástico y poliéster.

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Lo notable es que consigue transmitir cierta simpatía por los asesinos (interpretados por una regordeta e irritada Shirley Stoler, y Tony Lo Bianco), en parte caracterizando a sus víctimas como caricaturas patéticas, y obligando a los espectadores a debatirse moralmente entre la burla a esas mujeres y el espanto de sus violentos asesinatos.

Porque, más allá de su tono de comedia negra (que la emparenta con algunos de los primeros films de John Waters), lo cierto es que a la hora del crimen las cosas se ponen serias y duras.

The Honeymoon Killers (Los asesinos de la luna de miel) es una de las películas más incomprendidas de la historia del cine. Lo que sí puede decirse es que , desde luego, es única.

Estrenada en 1970 y escrita y dirigida por Leonard Kastle, sigue siendo la obra maestra desconocida de la Serie B.

The Honeymoon Killers es, en realidad, una historia de amor desesperado, contada desde la marginalidad de los perdedores pisoteados por el sueño americano. Hay muchos motivos que hacen única a una película, pero ésta se lleva la palma. Para empezar, su director era un compositor de ópera y libretista. No en vano, la película se articula de forma obsesional, como una suerte de ópera cinematográfica, sobre la marcha fúnebre del tercer movimiento de la primera sinfonía de Mahler.

Cómo consiguió Kastle realizar una obra tan acabada sin ninguna experiencia previa es algo que sigue sorprendiendo a día de hoy. Es una verdadera sorpresa cuando esa única obra-por otra parte también un film de culto- proviene de alguien que hasta el momento de esa realización no tenía casi nada que ver con el cine, ni siquiera a nivel de espectador.

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Oscura, turbia y escandalosa, en parte la fuerza de la película reside en sus dos actores principales: Shirley Stoler y Toni Lo Bianco. Ya sólo la actuación de Stoler, que era la primera vez que se ponía delante de una cámara, es algo prodigioso. Su físico descomunal y frágil al mismo tiempo, serviría para encasillarla posteriormente en papeles de mujer sargento, en una carrera que nunca le permitiría recuperar la altura que había alcanzado en su primera película. Una suerte similar correría Toni Lo Bianco. Dodgyland

En su afán de no estetizar las situaciones, Kastle, muestra los asesinatos en su duración “real”, señalando en su verdadera dimensión lo difícil que es matar a una persona.

La acción tiene lugar en Mobile (Alabama), NYC y diversas localidades de EEUU, a lo largo de 1949.

La música incluye fragmentos de Mahler, con un tema central que envuelve los asesinatos. Se añade una canción de James Michener, tomada de su álbum “South Sea Islands”. La fotografía, de Oliver Wood, sitúa la acción en ambientes oscuros, tétricos y claustrofóbicos, de aires expresionistas, que realzan los aspectos grotescos y macabros del relato.

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La estética se ajusta al desaliño y descuido formal de los films de Serie B. Hace uso de tomas largas, sobreentendidos, elipsis y escalofriantes escenas fuera de campo. El guión juxtapone episodios tomados de las secciones de sucesos, de aire cutre y kitsch. La dirección, a cargo de un director de orquesta y compositor, crea una obra de crudeza extrema.

Película singular y de culto entre los cinéfilos.

 

JESS FRANCO: Miss Muerte (1966)

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[...] Hay mucho Jesús Franco pese a su universo iterconectado, monomaníaco y repetitivo, de estructura musical interna y externa, saturado de fetiches, imaginería ero-hórrida y humor disolvente-chorras. Hay un Franco en blanco y negro que es otro director. Uno diferente. Uno mejor. Sofisticado, wellesiano y pulp que se encuentra desde la fundacional Gritos en la noche a la prodigiosa Miss Muerte pasando por La muerte silba un blues o Rififi en la ciudad, aleaciones de noir y casticismo, folletín y expresionismo a la vez excéntricas y conectadas con obras-islote como La torre de los siete jorobados de Edgar Neville o María Fernanda la jerezana de Enrique Herreros.
También el Franco popero y posmoderno antes del pop y de lo posmoderno; el de Tenemos 18 años y el de Lucky el intrépido, el del díptico de las dos bellezas – Bésame, monstruo y El caso de las dos bellezas – pero también el de las singularidades cupleteras de La reina del Tabarín y Vampieresas 1930.

Un director espumoso, irónico y ligero, capaz de hacer convivir la elegancia suntuosa con el lenguaje del tebeo.

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[...] La filmografía del cineasta se vuelve desde los 70 selvática, de crecimiento libre y descontrolado, se encuentran gemas sinuosas, un buen puñado de títulos divertidísimos o crudamente derivativos y desvergonzadamente exploit pro asaeteados de verdadera genialidad intermitente, envenenadas de perversidad, radicales e imposibles en las que brilla el auténtico talento y el corpus autoral de Jess Franco.

Vistas a ese director que pudo ser y no fue, o no quiso ser; el Jesús Franco del otro lado del espejo, iluminaciones entre la automitomanía y la supervivencia. [...]

Carlos Aguilar explica en su magnífica monografía para Cátedra que para Jesús Franco solo cuenta rodar. Que el acto de rodar, de mirar a través de la cámara y registrar una realidad manipulada, de orden fantástico, es la justificación final única. En algún momento Franco se perdió en el ojo abisal de la cámara, devorado por un nihilismo de la imagen autodestructivo pero en ello encontró una forma particular de arte en el cual el cine no era el registro, sino que era el propio acto.

“Cause she’s the witch”: Miss Muerte, virtuosismo y pulp. Otro Jesús Franco existió.

El séptimo vicio de R3: reposición del programa dedicado a Jesús Franco en 2007

 

MISS MUERTE 1966

 

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Miss Muerte, onceava película de Jesús Franco, es la última de las producciones fantástico-terroríficas- “Meditaciones sádico-necrofílico-erótico-sofisticadas”, en definición de Román Gubern- que el director madrileño rodó en España a mediados de los años sesenta. [...] Conviene señalar que el film es, en primer lugar, como indica el propio director, fruto de una frustación: “No tenía que existir Miss Muerte. Ocurre que la censura me ponía reparos a un guión que pensaba hacer en coproducción con Francia, para Serge Silbermann, y que se llamaba Al otro lado del espejo. No me lo prohibían del todo, pero imponían retoques por todas partes. Así que me planté y les dije que me negaba a introducir aquellos cambios [...] En vez de ésta voy a hacer otra de terror. Como a vosotros eso os parece una gilipollez, y os meáis de risa cuando se os habla de castillos misteriosos y gatos negros, y ahí sí que no os metéis con nada mientras no se vea una teta, pues voy a hacer otra de esas y ya está”

 

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Jesús Franco plantea en Miss Muerte una original y personalísima revisitación / recreación de algunos de sus géneros favoritos como el expresionismo alemán de los años veinte, el cine de terror y de intriga norteamericano de los años treinta y cuarenta, los seriales y folletines de misterio y el jazz, todo pasado por el filtro de su particular sentido del humor (negro) y de su pasión por el erotismo y el melodrama.

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[...] Apoyado en el ejemplar libreto de Jean-Claude Carrière, basado según rezan los títulos de crédito en una historia de David Khune (en realidad, el mismo Jesús Franco), el director español pervierte el esquema tradicional de las películas sobre científicos locos:

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el mad doctor es aquí una perversa científica de personalidad soterradamente lésbica, Irma Zimmer, y el monstruo una bailarina  de night club, Nadia /Miss Muerte, con los centros nerviosos manipulados. Tras la muerte del Dr. Zimmer ocurrida después de la humillación sufrida en un prestigioso congreso neurológico por parte de tres colegas más jóvenes-Vikas, Moroni y Kallman- su hija Irma decide verngarse. Para ello, llevará hasta las últimas consecuencias las teorías de su padre, convencido de la posibilidad de dominar la voluntad humana mediante la intervención con electrodos en los centros nerviosos, convirtiendo a una atractiva y extraña bailarina que desempeña junto a un maniquí un turbador número erótico-macabro, en una especie de autómata a sus órdenes que seducirá uno por uno a los tres científicos para asesinarlos inmediatamente después a sangre fría.

 

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[...] A pesar de lo delirante de la propuesta, Franco trasciende en todo momento el argumento del film y sus recursos más previsible mediante una excelente puesta en escena, determinante a la hora de dotar el conjunto de una atmósfera entre onírica e irreal de un gran poder de sugestión. [...] Mención aparte merece el reparto, en el que brillan con luz propia, las dos actrices protagonístas. Como es habitual a lo largo y ancho de su filmografía, el propio director se reserva un pequeño papel pero muy significativo, el del inspector de policía Tanner, nombre del personaje protagonista de Gritos en la noche.

 

JOHN PARKER: Dementia (1955)

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Dementia, filmada en 1953 pero no estrenada hasta 1955, ya con diversas amputaciones/manipulaciones es uno de esos Rara Cult, pero de los de verdad.
Esta pieza fuera de cualquier circuito y de menos de una hora de duración, fue filmada en condiciones de ultraindependencia y amateurismo por parte del ignoto John Parker (se financió gracias a la aportación económica de su acaudalada madre).

Todo comenzó desde un corto de 10′ basado en un sueño que había tenido su secretaria, quien encarna a la protagonista del filme. Se especula con que la intervención de Bruno VeSota, que explota su parecido con Orson Welles, se extendió más allá de su cometido como actor secundario.

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Las imágenes de este film nos suenan a numerosas referencias. Desde Un chien Andalou de Luis Buñuel y Salvador Dalí hasta la impronta visual y el fatalismo de Detour de Edgar G. Ulmer pasando por las alucinaciones visuales en Stranger of the Third Floor de Boris Ingster. Y conecta a Dementia con el tratamiento conceptual y formal de David Lynch y de Polansky y su Repulsión, emparentada con esta por la vía de la paranoia-represión sexual femenina liberada con alucinación y violencia.

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En medio de toda esta extraña mezcolanza, Dementia ofrece desde el primer momento la más valiosa de sus bazas: confiando en la expresividad de la imagen, el conjunto prescinde del dialogo; que no de la música o determinados sonidos para provocar un estado particular en el espectador; el montaje sincopado de gran agresividad al igual que el trabajo de cámara; una fotografía expresionista; la puesta en escena abigarrada, de un barroquismo febril y wellesiano; y el tempo jazzístico determinado por el sonido del compositor de vanguardia George Antheil y, al mismo tiempo, reforzado por el combo de Shorty Rogers en la larga secuencia del club.

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Un segundo aspecto, que en este caso la diferencia de otros acercamientos a la locura del cine norteamericano de su época, es que la suya es una mirada al interior o desde el interior asumiendo la lógica de una mente degenerada y la pérdida de la capacidad para discernir lo vivido de lo alucinado. La alucinación como estado.

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Pensar que todo el film sucede dentro de la protagonista y que esta nunca abandona la habitación del motel donde se encuentra, nos da una idea del planteamiento minimalista y desafiante (que David Cronenberg había propuesto en su día para la adaptación de American Psycho de Brett Eston Ellis).

El resultado es una alucinación del noir mezclado con una sesión psicoanalítica extrema; una narración circular; un sueño dentro de otro sueño dando como resultado una aleación de expresionismo y simbolismo, de naturalismo sórdido y estilización arty.

Pese a su corta duración hay defectos de notable calado que limitan la obra en la que, paradójicamente, apenas se notan las limitaciones de medios ya que optó por el rodaje en escenarios bien definidos y escasas localizaciones al tiempo que combina, con acierto, secuencias desarrolladas en interiores y otras en exteriores.

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La película de Parker debe verse como un film que habla de amar el cine; volcando una enfermiza cinefilia donde dicha tendencia no se encontraba aún presente en la industria cinematográfica. Partiendo de esta premisa podemos entender su desarrollo final con cierta capacidad para la inocencia. Con todas sus insuficiencias resulta interesante hacerse eco de su existencia y sus rasgos de singularidad.
Una de ellas sería el de haber servido como referente para que Roger Corman usara una estética casi totalmente similar en sus adaptaciones de Allan Poe para la American Internacional.

 

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CICLO JACQUES TOURNEUR

CICLO JACQUES TOURNEUR

 

Jacques Tourneur (director) – Val Lewton (productor)

Clásicos Modernos: Clase B

En los comienzos de la década de los 40 se produce un giro en las producciones fílmicas de horror. Ya no se trataba de asustar a los espectadores con los clásicos monstruos sino de provocar la inquietud en formas más sutiles. Jacques Tourneur y Val Lewton indudablemente fueron los responsables de esta nueva forma de entender el horror.

Los elementos más importantes de este periodo americano inicial (1934-1940) se centran en la colaboración de Tourneur en el rodaje de las famosas escenas de la toma de la Bastilla en el film Historia de Dos Ciudades (Jack Conway. 1935). Este film le permitió igualmente conocer a un hombre importante en su trayectoria: Val Lewton. También en estos años Tourneur consigue un gran elemento de aprendizaje en la realización de un buen número de cortos. Películas que eran proyectadas como complementos en los programas dobles y en donde nuestro cineasta, además de ratificar su destreza en la economía narrativa, empezó a aplicar varios de los elementos temáticos de su obra posterior: el misterio, la ambivalencia, mezclados con otros más habituales en aquel periodo: biografías o hechos históricos. A partir de este preámbulo comienza realmente la importante trayectoria cinematográfica de J.Tourneur.

Jacques Tourneur

Val Lewton

 

Nacido en París en 1904, Jacques Tourneur, hijo del también director Maurice Tourneur, creció entre Francia y los Estados Unidos, ya que la carrera de su padre osciló entre los dos países.

Por su parte Lewton era ruso, había nacido el mismo año que Tourneur y se ganaba la vida escribiendo todo tipo de publicaciones, desde poesías hasta novelas pornográficas bajo seudónimo. En 1942 fue contratado por la RKO para producir una serie de películas de terror de bajo presupuesto. Las producciones de Lewton se distinguirían por unos argumentos delirantes y se se quiere hasta grotescos sacados de las novelas y comics baratos de la época (las famosas pulp fictions) que contrastan con una factura sugerente, un exquisito uso de la elipsis y una ambiguedad que las desmarca del cine de horror de la época y las convierte en precursoras del cine moderno del género.

Lewton y Tourneur tomaron los monstruos y ambientes exóticos del terror clásico y excavaron en la vertiente psicológica de esas historias, convirtiendo sus películas en las más importantes, influyentes e innovadoras del género en ese periodo.

Jacques Tourneur. Un siglo de sombras.

Para quienes viven sumergidos en la “clase B”, los que prefieren la cara B del single, el lado oscuro de la Luna y cruzar al otro lado del espejo, Jacques Tourneur ha sido siempre poco menos que un dios. Un auténtico mito del Cinéma Bis, como dicen los franceses. Jacques Tourneur sigue siendo un “maldito”. Gracias sean dadas a los dioses. Porque nada podría ser peor que la total asimilación de Tourneur por la academia, por la corriente general, por los popes del cine… Afortunadamente, Tourneur sigue siendo un enigma.

Es precisamente la naturaleza mercurial, inaprensible, de Tourneur y su cine, del serial a la eurotrash, del blanco y negro al technicolor, de la sobriedad al exceso, la que marca la diferencia y nos devuelve a lo que representa: el auténtico encanto de la “clase B”. Un encanto que no se ajusta a cánones, que no responde al clasicismo de Hollywood o, lo que es mejor, que puede pasar de ese clasicismo a momentos e imágenes, incluso a películas, que lo eluden y rompen en pedazos.

Todos los géneros B adquieren en manos de Tourneur un brillo inusual, que evade tópicos y clasificaciones.

En Tourneur encontramos uno de los ejemplos más claros de verdadero autor, de cineasta personal, de auténtico creador de formas visuales, de sobrellevar unos contenidos temáticos coherentes y, al mismo tiempo, saber adaptarse a los distintos géneros que brindaba el cine americano en las décadas de los años 40, 50 y parte de los 60. Es decir, en la época dorada de Hollywood.

Una imagen con vida

Jacques Tourneur recurre a dos rasgos primordiales. Uno de ellos es la concisión en la puesta en escena. Pocas de sus obras sobrepasan los noventa minutos de duración. Su aprendizaje como montador y realizador de cortometrajes le habían proporcionado esa facilidad para exponer únicamente los elementos necesarios para la compresión de los espectadores. Indudablemente, el paso de Tourneur por el entorno de la “clase B” facilitó la práctica aplicación de unos postulados que acompañaron toda su obra posterior.

Out of the Past Nigh of the Demon Cat People

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Sin embargo, la “piedra filosofal” del cine de Jacques Tourneur es, sin duda alguna, su maestría a la hora de componer la imagen trabajando la luz en total compenetración con los distintos directores de fotografía que le acompañaron en todas sus películas. Esa compenetración permitió que su cine ofreciera una extraordinaria dimensión, una marca de fábrica única e indivisible que incluso permitió unificar la aportación brindada por fotógrafos de aparentemente divergentes características.

En el cine de Jacques Tourneur la imagen es la expresión de un arte. Tal es el poder de evocación, de sugerencia, de densidad a la hora de ofrecer la más sencilla imagen, que se transmite de forma extraordinariamente homogénea en una trayectoria irregular, pero de un nivel general francamente brillante y con numerosas cumbres en los distintos géneros en donde aplicó su personalísimo estilo.

Out of the Past

Otro importante terreno cinematográfico: el interpretativo. Jacques Tourneur gustaba de interpretaciones sobrias, de presencias ambiguas y sugerentes antes que grandes recitales interpretativos. Sus actores se basan primordialmente en la mirada, son presencias turbadoras, con aspectos de su personalidad escondidos. claqueta.es

EL FANTASTICO: PROGRAMA

- CAT PEOPLE, 1942

- I WALKED WHIT A ZOMBIE, 1943

- THE LEOPARD MAN, 1943

- NIGHT OF THE DEMON, 1957

Al evocar la aportación cinematográfica de un cineasta de la talla de Jacques Tourneur, ciertamente se busca un inicio claro, concreto y explícito: el rodaje de La Mujer Pantera en 1942. La primera de las colaboraciones del director con el productor Val Lewton, sin duda, uno de los tándemes mas célebres y admirables generados jamás por el cine americano. Esta fue la primera de las colaboraciones mantenidas por ambas personalidades, que fructificaron en las que quizá sean las tres obras más importantes del cine fantástico en la década de los cuarenta: Cat People, I Walked Whit A Zombie y The Leopard Man. [....]

Podríamos englobarlas en una triple manera de expresar un mundo de leyendas planteadas como posible verdad, como visión entre nieblas, como una sugerencia a veces casi evidente y en ocasiones fruto de una sombra acrecentada por la imaginación

Cat People

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cat People ofrece una propuesta en ambiente contemporáneo – las más difíciles de plasmar, según su artífice- basada en la evocación de leyendas ancestrales; I Walked Whit A Zombie marca, por el contrario, un entorno terriblemente sugerente – las Antillas – para consolidar una poética fantástica basada en atavismos del pasado.

i-walked-with-a-zombie-movie-poster-1943-1020258947

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por el contrario, The Leopard Man combina ambas posibilidades – lo contemporáneo y el peso de la leyenda -, tamizándolo con una ambientación rural y un fondo de misterio y explicación racional.

Leopard Man

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los vértices de este triángulo de oro del cine fantástico norteamericano tendrán su rotunda fusión y continuidad años después con una de las cumbres del autor, la magistral Night of the Demon.

Ese gusto por el fatalismo, por la sugerencia, por el peso de lo atávico, por el uso de la luz y las sombras, tiene su eje en el ya comentado tríptico formado por Cat People, I Walked Whit a Zombie y The Leopard Man. Lo que sorprende un poco es que dada la fascinación que lo sobrenatural ejerció sobre Tourneur – era un creyente absoluto en la existencia de mundos paralelos -, tuviera que esperar hasta finales de los cincuenta para realizar en Inglaterra su retorno al género:

night of the demon

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Night of the Demon es una de las más atrevidas propuestas que el género ha planteado en su historia, quizá la mejor obra del cine fantástico en una década fundamental para la evolución del género y una de las obras cumbres de su autor. No es preciso incidir en la queja del propio autor sobre la impuesta aparición de la encarnación del demonio que aparecía dos veces en el film o la pelea que Dana Anadrews tiene con un tigre evidentemente disecado. Todas las obras maestras, para serlo, tienen que tener su pequeña dosis de debilidad. Y esa es la que ofrece una obra que es la quintaesencia del estilo sugerente, ambiguo y desasosegador de su autor.

Una obra por la que se pasea un científico racional, que en pocas horas se tiene que rendir a la evidencia de un mundo ante el cual lo mejor que puede suceder es que se mantenga oculto. Una aseveración certeramente definida en el plano final de un film en donde se combina la brujería, el espiritismo, la credulidad y el miedo a lo desconocido, así como un detalle muy querido al maestro, el terror sugerido bajo la aparente inocencia; el satanista que divierte y maravilla a los niños disfrazado de payaso. claqueta.es

 

 

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neotokio: salary man & yakuza

neotokio: salary man & yakuza

Martes 2 de octubre – 20:30h

DORAIBU (DRIVE)
(Japón, 2001 – 100min. v.o.s.e)
Director: Hiroyuki Tanaka (Sabu)

drive-sabu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Asakura Kenichi es un oficinista con la obsesión de hacer siempre lo correcto, sin desviarse lo más mínimo de las normas. El estrés que le causa su forma de ser le provoca unas terribles migrañas. Su forma de ser se verá puesta a prueba cuando tres atracadores le secuestran y le utilizan como conductor durante su fuga. Sabu recrea una dimensión mitológica del propio país a través de la historia de un hombre vulgar, secuestrado por un grupo de facinerosos y obligado a luchar no solo contra ellos, sino contra sus visiones de un doble fantasmal de sí mismo, ataviado como un samurai.

Sabu, también,  se encarga de situar en un lugar secundario la imagen de los yakuzas, despojándoles de glamour y caricaturizando hasta el límite sus gestos y comportamientos.

 

Martes 9 de octubre – 20:30h

SONATINE
(Japón, 1993 – 100min. v.o.s.e)
Director: Takeshi Kitano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Unos yakuzas de Tokio son enviados a Okinawa para ayudar a terminar una guerra de pandillas. Pero la guerra recrudece, y los sicarios deciden desaparecer un tiempo y recluirse en una playa. Sonatine es una historia perturbadora y trágica a la vez que se entremezclan pasajes de serenidad e inacción casi meditativas mientras Kitano y sus secuaces buscan ampararse de una tempestad de violencia en la soledad de su playa.

La manera en la que está montada la película recuerda a una sonata, en tres partes, la primera en fortíssimo (el ambiente yakuza, la violencia y el ritmo potente), la segunda un scherzo (los personajes están en la playa) y culmina con un adagio (momento en que todo cobra mayor trascendencia y se ve el resultado de las dos primeras partes).

Una obra maestra, compacta, potente, hermosa, sensible y con un perfecto dominio del tempo.

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NEOTOKIO: KAIDAN-EIGA

NEOTOKIO: KAIDAN-EIGA

 

Martes 11 de septiembre – 20:30h

KYUA (CURE)
(Japón, 1997 – 106min. v.o.s.e.)
Director: Kiyoshi Kurosawa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cure tiene como base una novela del propio director. Diferentes personas cometen un asesinato espontáneo. Nadie huye del lugar de los hechos. Nadie recuerda nada. Nadie tenía moviles para matar. Las víctimas presentan una “X” tajada en el cuerpo.
Este punto de partida se convierte en manos de Kurosawa en un hipnótico thriller existencial. “El equilibrio y las reglas del mundo se encuentran cuando se admite que vivir y morir es la misma cosa”.
Con una producción de ocho semanas, Cure supuso un antes y un después en la fimografía del director.

Martes 18 de septiembre – 20:30h

YUME NO GINGA (LABYRINTH OF DREAMS)
(Japón, 1997 – 89min. v.o.s.e.)
Director: Sogo Ishii

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta extraña y desconcertante película, protagonizada por Rena Komine y Tadanobu Asano, está rodada enteramente en blanco y negro.
Una leyenda corre entre las azafatas de autobús en el Japón de la Pre-Guerra según la cual existe un conductor que las seduce y después las mata haciendo que parezca un accidente. Tomiko es una de estas azafatas y hace poco que ha perdido a su amiga Tsuyako en un aparente accidente, pero ella cree que la leyenda es cierta. En ese momento aparece Niikata, un joven y atractivo conductor recién contratado que hará pareja con Tomiko.

Los primeros años 90 establecieron a Sogo Ishii como un maestro de la imaginería psicodélica. Alcanzó la culminación de su estilo, siempre onírico, con el deslumbrante Yume No Ginga (Laberinto de sueños), una fábula freudiana in extremis, exhibida en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires.

Tadanobu Asano

En 1997 participó en Yume No Ginga. Con este director forjaría una gran amistad y de ella surgiría un grupo musical de punk denominado March 1. 67. Tadanobu tiene muchas aficiones al margen de la música, actúa como modelo publicitario, le gusta la fotografía y es dibujante de mangas en su tiempo libre. También ha dirigido videoclips.

 

Martes 25 de septiembre – 20:30h

MONDAY
(Japón, 1999 – 99min. v.o.s.e)
Director: Hiroyuki Tanaka (Sabu) 

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El director japonés nos emplaza a una habitación de hotel, donde un joven se despierta sin saber cómo ha llegado allí. Es lunes y no recuerda qué ha sucedido el fin de semana. Lentamente los recuerdos vuelven a su cabeza: un funeral, una banda de yakuzas y él mismo empuñando un arma son piezas del rompecabezas.

monday1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1999, Sabu cambió de registro con un nuevo film, Monday. Una fábula distorsionada del día a día del salary man nipón y, entre tanto, resulta la plasmación en imágenes de la esencia del Japón neo-pop que se ha ido gestando en diferentes círculos culturales de los años noventa. Monday se convierte en un oscuro viaje por el universo alienado del trabajador medio japonés, un teatro de los horrores en el que se representan los monstruos generados por la rutina convencional. Sabu demuestra ser un indagador del comportamiento humano.

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NEOTOKIO. AÑOS 90-00

NEOTOKIO. AÑOS 90-00

Nuestro conocimiento del cine japonés ha estado condicionado por factores que han impedido una visión de conjunto similar a la que podemos tener del americano o del europeo. Nuestra percepción es, por lo tanto, similar a la parábola de los ciegos que tocaban cada uno una parte de un elefante, y les era imposible imaginar el conjunto del animal. En cualquier caso, el cine japonés es sinónimo de “diferente”. Y diferente sigue siendo el cine japonés de reciente producción que llega a festivales o a las salas comerciales. Sólo que ahora es también “diferente” a lo que creíamos saber del cine japonés. Una diferencia dentro de la diferencia.

HIJOS DE NEOTOKIO

El cine japonés de los años noventa no ha tardado en transmitir un nuevo imaginario que nos lleva a un mundo bullicioso, esquizofrénico e incapaz de superar sus incoherencias. El descubrimiento y la reivindicación del nuevo cine japonés se ha producido a través del otaku, el fandom, los aficionados al manga y el anime o los más incondicionales seguidores del cine de género. Un cine concebido para el estricto consumo local que se movía por canales alternativos (el boca a boca, el vídeo y el DVD importado, las copias piratas…) y que se consideraba de consumo exclusivo freak.

Los jóvenes son, en su mayoría, autodidactas y se inician gracias al Super 8 y el cine de bajo presupuesto. Más decisivo es el video, producciones concebidas para su distribución directa en video sin exhibición en salas comerciales. Se abre aquí un cauce importante para la producción independiente. Se agrupan en corporaciones para sacar adelante sus proyectos al margen de las multinacionales, generando cierta libertad creativa y disponiendo de canales alternativos de distribución.

Cine extremo e imprevisible a juzgar por la obra de un puñado de realizadores: T. Miike (hiperactivo, libérrimo y francotirador), K. Kurosawa (rigor y dimensión filosófica), T. Kitano (desconcertante y desmitificador), S. Tsukamoto (guerrillero y poeta del cinematógrafo), Sogo Ishi (manierista de los noventa), Shunji Iwai (cine poesía), Sabu (indagador del comportamiento humano), H. Kore-eda (la introspección)…El panorama es variado, en él conviven diferentes posturas y planteamientos que impiden trazar unos rasgos genuínos y mucho menos hablar de “Nueva Ola” en sentido estricto. La mayoría de los habitantes de este Neotokio están marcados por el pesimismo, el deambular nocturno y la pérdida de referentes. Las opciones parecen ser la vuelta al pasado para encontrar en él respuestas a las incertidumbres del presente, o la carrera irreflexiva hacia el futuro, con lo que conlleva de trayecto suicida.

En el nuevo cine japonés confluyen los diferentes “modos”de representación con las nuevas tecnologías (cámara de alta definición, video, posproducción digital….) que abaratan costes y proporcionan nuevas oportunidades a los independientes. Si bien no podemos hablar de un movimiento en sentido estricto, si estamos asistiendo a la eclosión de un grupo de realizadores con indudable personalidad, cosas que decir y talento para decirlas.

Las nuevas hornadas de cineastas están formadas en los márgenes de la industria y a espaldas de la cultura “seria”. Sus películas no pueden reconocerse en la tradición del clasicismo ni tampoco en la del modernismo. Proceden de un crisol en donde se funde el cine de género más o menos mercenario (el exploitation film), la mentalidad pop y la cultura juvenil. Excéntricos, imprevisibles, imaginativos, feroces a veces, son ellos los responsables del renacimiento del interés por el cine oriental.

Son la división japonesa en una capilla cada vez menos minoritaria.

(El principio del fin. Tendencias y efectivos del novísimo cine japonés)

PROGRAMA

Hirokazu Kore-eda

 

 

 

Takashi Miike

 


 

 

 

 

_ ROKUGATSU NO HEBI  (A SNAKE OF JUNE). Shinya Tsukamoto

_ BIJITÂ Q  (VISITOR Q). Takashi Miike

_ÔDISHON  (AUDITION). Takashi Miike

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Takeshi Kitano

 

_ DRIVE . Sabu (Hiroyuki Tanaka)

_ SONATINE. Takeshi Kitano

_ GOKUDÔ  SENGOKUSHI (FUDOH: THE NEW GENERATION). Takashi Miike

 

 

 

 

 

 

 

 

Kiyoshi Kurosawa                                                                                          Sogo Ishii

 

_ KYUA (CURE). Kiyoshi Kurosawa

_ YUME NO GINGA  (LABYRINTH OF DREAMS). Sogo Ishii 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Shunji Iwai

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sabu (Hiroyuki Tanaka)

 

_ MONDAY.  Sabu (Hiroyuki Tanaka)

_ KOFUKU NO KANE (BLESSING BELL).  Sabu (Hiroyuki Tanaka)

_ PIKUNIKU (PICNIC).  Shunji Iwai

_ UNDO.  Shunji Iwai 

 

 

 

 

 

 

 

Shinya Tsukamoto

 

 

_ BULLET BALLET.  Shinya Tsukamoto

_ HANA BI. Takeshi Kitano

_ VITAL. Shinya Tsukamoto

 

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CICLO CRAMPS II

CICLO CRAMPS II

PROGRAMA: 

Martes 8  de mayo – 20:30h

ALPHAVILLE, UNE ETRANGE AVENTURE DE LEMMY CAUTION
(1965, Francia. 99min-v.o.s.e)
Director: Jean-Luc Godard

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lemmy Caution llega a Alphaville y se encuentra con una realidad oscura, una ciudad sombría y triste, donde todo es mecánicamente controlado, donde cada movimiento, cada palabra es producto de una ecuación o un adoctrinamiento feroz. Todo acto y toda persona en la ciudad es controlado por el superordenador inteligente creado por el profesor Von Braun, Alpha 60, un precursor para lo que más tarde seria el Hal 9000 de Kubrick en 2001: Una odisea del espacio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En una conversación de Lemmy con Alpha 60 éste responde a unas preguntas establecidas por Alpha 60:

-¿Cual es el privilegio de la muerte?
-No morir ya más.

-¿Sabe lo que transforma la noche en luz?
-La poesía.
-¿Cuál es su religión?
-Creo en las inspiraciones de la consciencia.
-¿Hay alguna diferencia entre los principios misteriosos del conocimiento y “eso” del amor?
-En mi opinión en el amor no hay misterios.
-Está mintiendo.
-Tengo razones para mentir pero ¿puede diferenciar las mentiras de las verdades?
-Está usted ocultando ciertas cosas, pero por el momento no puedo adivinar cuales. 

Alphaville se basa en hacer ciencia-ficción con los medios mínimos. Nos sugiere un futuro muy parecido a la realidad, idéntico al de la ciudad francesa de los años 60, edificios convencionales y gente vestida de acuerdo a la época. Pero la trama así como el excelente montaje de Godard, nos hacen ver una gran metrópolis del futuro. Un gran trabajo, también, por parte del fotógrafo Raoul Coutard.
El título del film es un tríptico. El primer elemento es Alphaville. El segundo, su subtítulo: Une aventure de Lemmy Caution. El tercero, por fin, remite a Alphaville como nombre de ciudad: Capitale de la Douleur, el libro de Paul Eluard tan a menudo citado y que también aparece en la film.

 

LEMMY CAUTION / EDDIE CONSTANTINE. UN AGENTE ESPECIAL.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El subgénero de los agentes especiales o secretos surgió de la novela detectivesca a finales del siglo XIX, de la figura de Nick Carter, detective creado por John Corryell en 1886 que sorprendía con su capacidad para el disfraz y por su uso de gagdets. Nick Carter llegó a dar titularidad a varios pulps en los años treinta, disfrutó de sus propios cómics en los cuarenta (Shadow Comics) y dio lugar a quince producciones cinematográficas. Su digno sucesor fue “Bulldog” Drummond, criatura literaria de H.C. McNeile de los años veinte (….). Lemmy Caution fue el siguiente personaje de este tipo en aparecer, en 1936, y prefiguró al agente típico de los relatos de espionaje tal y como luego serían concebidos y explotados (sobre todo en la saga de James Bond) y, tras el éxito de sus adaptaciones cinematográficas, surgieron series de otros agentes secretos similares (….). En el presente artículo se repasa la trayectoria del personaje Lemmy Caution, que se confunde con la del actor Eddie Constantine, deteniéndose su autor especialmente en la traslación al cómic de sus aventuras.
LOS TEBEOS DE EDDIE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El éxito de las películas de Lemmy Caution en el cine llevó al personaje al mundo del cómic, en tiras de prensa diaria, si bien a España llegaron remontadas, en el formato por entonces denominado “novela gráfica”, a mediados de los años sesenta.
seguir leyendo

Movie Poster of the Week: Jean-Luc Godard’s Alphaville and the films of Lemmy Caution

 

ALPHAVILLE v.s ARQUITECTURA BRUTALISTA

Fahrenheit 451 (François Truffaut, 1965) y Lemmy contra Alphaville son dos geniales ejercicios de previsualización y de diseño de nuevos escenarios que nos presentan un Paris del futuro con la arquitectura brutalísta y la estética pop de mediados de los 60.

 

Martes 15 de mayo – 20:30h

SECONDS
(1966, USA 107 min. v.o.s.e.)
Director: John Frankenheimer

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arthur Hamilton es un tipo de mediana edad, empleado bancario de buena posición, con esposa e hija, pero insatisfecho y cansado de la vida que lleva. De pronto, comienza a recibir extrañas llamadas telefónicas de un amigo supuestamente fallecido. Motivado por estas llamadas y mensajes en papel, sigue las señas e instrucciones dadas que finalmente lo conducen a una Corporación que le ofrece “renacer”, proporcionándole la vida que siempre había deseado.
¿Hasta qué punto estamos muertos? ¿Cuánto hay de realidad, de verdad en nuestras vidas y cuánto de falso, de aparente, de impostado? ¿Hasta qué punto somos dueños de nosotros mismos y hasta qué punto los entes de esta sociedad nos fagocitan, nos teledirigen, nos desdibujan y acaban adueñándose de nosotros?


Por otra parte, gracias a la constante utilización de lentes que distorsionan la imagen y a unos movimientos complejos y extraños de cámara que transmiten una verdadera sensación claustrófobica, Seconds atrapa desde sus hipnóticos títulos de crédito firmados por Saul Bass hasta el inexorable, terrible y pesimista final. Del mismo modo, llama la atención que una obra sobre la búsqueda de una nueva vida que supla sus deficiencias, atavísmos y frustraciones esté plagada de actores que fueron víctimas del McCarthysmo, desposeídos de sí mismos, de su ideología, de su forma de vivir y de pensar.

Secuencia de los títulos de crédito. Saul Bass.
Finalmente citar la inquietante y efectiva banda sonora de Jerry Goldsmith, la impresionante fotografía en blanco y negro de James Wong Howe y la excepcional interpretación del tándem John Randolph y Rock Hudson.

Seconds, un ensayo de J.P. Bango

Seconds (Plan diabólico) se adelantó a su tiempo en muchas cosas. Su concepción de la intriga y del terror, como elementos de aquí y de ahora, nada tenían que ver con aquel cine genérico que entonces se hacía. En su obra el mal se representa de forma cotidiana al amparo de una sociedad enferma. Posteriores títulos irán incidiendo en este tipo de terror como Esclavos del hampa (Lowell Rich) o La semilla del diablo (Roman Polanski)

 

 

 

 

 

 

En 1997 fue restaurada añadiendo escenas de desnudo que fueron censuradas en su época. Una pieza realmente terrorífica de ciencia ficción que va penetrando poco a poco en la mente de uno….

 

Martes 5 de junio – 20:30h

THX 1138
(Georges Lucas, 1971 – USA. 88min – v.o.s.e)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
En el mundo de THX 1138, la humanidad ha evolucionado hasta el punto de crear sociedades subterráneas donde se controla todo, al estilo de 1984, de G. Orwell. Para mantener este sistema, los habitantes de estas ciudades se administran fuertes dosis de sedantes, que cumplen al mismo tiempo la función de inhibidores de la conducta y catalizadores para conseguir una mayor concentración al desempeñar ciertos trabajos delicados. En esta sociedad, la economía es la base que lo mueve todo, incitando a los ciudadanos a trabajar y consumir durante toda la vida. El mismo estado se convierte a sí mismo en una religión, personificada por Om, que actúa de confesor y sirve de utilidad para controlar a la población. Todo aquello que se salga, o sirva de impedimento al motor de la sociedad es tachado de inmoral, incluso el amor. Cualquier sentimiento puede provocar distracciones en el trabajo, por lo cual es fuertemente castigado.

Apadrinado económicamente por Francis Ford Coppola, Lucas se basó en un cortometraje experimental que el mismo realizara durante sus estudios de cinematografía dos años antes titulado “Electronic Laberynth THX 1138:4EB”

 

SONIDO THX

 El presupuesto de la película era mínimo por lo que G.Lucas tuvo que recurrir a imágenes minimalistas con escasa figuración y potentes localizaciones que no supusieron un coste elevado. Destaca una narrativa con imágenes asépticas y claustrofóbicas que reflejan los lugares por donde transcurre la historia. Podría decirse que existen marcados recursos escenográficos que el director repite para transmitir diferentes situaciones: espacios neutros, espacios localizados y espacios fugados. Varias de las escenas se desarrollan en espacios neutros que desfiguran las dimensiones cartesianas con las que trabajamos comúnmente.

El uso de las localizaciones se traduce en espacios pensados para el     funcionamiento estructurado de esta nueva realidad controlada en donde existirán quienes tratarán de superar el sistema.

 

 

 

 

Otro recurso que el director repite al final del filme es el de los espacios fugados. En la propia fuga del protagonista hacia el mundo exterior se suceden una serie de escenas frenéticas en las que tanto él como sus perseguidores son el primer plano de unas líneas de fuga de fuertes perspectivas a veces infinitas.

 

 

La cárcel, por ejemplo, es un fondo perfecto y está bañado por una luz blanca y uniforme. Un espacio infinito sin demarcaciones ni referencias. Las personas en sí mismas son el espacio que les recluye. Un lugar de encierro definido por la condición de no-lugar y la ausencia de límites que dibujan dicho encierro para convertirse en mecanismos intangibles que controlan incluso el tiempo libre del ciudadano.

 

 

 

 

 

 

 

Martes 19 de junio – 20:30h

VIDEODROME
(David Cronenberg, 1983.CANADA, 89 min. v.o.s.e)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Max Renn es el director de un pequeño canal de televisión especializado en sexo y violencia. Siempre a la busqueda de material nuevo y más extremo, descubre un programa llamado Videodrome, en el que se mezcla es sexo con la tortura de manera muy realista. Mientras intenta averiguar el origen de la transmisión, Max se va obsesionando cada vez más con este mundo oculto, lo que empieza a alterar su percepción del mundo real.

En Videodrome se confeccionó la idea de la sociedad mediatizada por las transformaciones del medio comunicativo de mayor impacto, la televisión. Una enfermiza fábula tecno-surrealista en clave fantastique del poder de la televisión y el vídeo sobre la sociedad, expone temas que aún hoy siguen vigentes como la obsesión de las cadenas televisivas por buscar audencia a cualquier precio, aunque ello implique una falta de ética absoluta en lo que muenstran. Las alucinaciones que provoca Videodrome no son acontecimientos sin propósito ni sentido. Convierten a quien las sufre en títere, en un autómata de quienes emiten esos videos. Videodrome esclaviza. Videodrome anula completamente la voluntad del televidente.

Videodrome es la sublimación de todas las obsesiones de Cronenberg en su etapa fantástica, y donde se habla por primera vez del concepto de Nueva Carne. Una extraña concepción de la siguiente evolución humana a través de deformidades que aparecen por el cuerpo y la mente que son el comienzo de un nuevo nivel de percepción.

 

 

 

 

 

Martes 26 de junio – 20:30h 

TETSUO
(Shinya Tsukamoto, 1988 JAPON. 67min. v.o.s.e)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tetsuo explica la kafkiana desventura de un oficinista que tras atropellar con su vehículo a un hombre, el “fetichista del metal”, interpretado por el mismo Tsukamoto, intenta deshacerse de su cadáver en el bosque. El homicida sufre al día siguiente una maldición que convierte progresivamente su cuerpo en un informe amasijo de metal.

 

 

 

  Su idea era ofrecer un producto impactante, en la línea del   cine mudo que conocía y le gustaba, como Metrópolis, de Fritz Lang, los dibujos futuristas italianos, pasando por el cine de Cronenberg, sobre todo Videodrome.

 

 

 

 

 

 

Tsukamoto se pregunta sobre el ser humano y su relación con la tecnología y, más concretamente, sobre cómo el cuerpo orgánico se transforma ante un futuro en el que la máquina va a ocupar un espacio muy relevante.

 

 

 

Lo que convierte a esta película en un referente del cine japonés contemporáneo es la capacidad de su realizador para construir imágenes. Para filmar con una libertad creativa inusual, sólo posible en un filme independiente.
Especial mención a la música creada para la ocasión por el músico y compositor Chu Ishikawa. (El principio del fin. Tendencias y efectivos del novísimo cine japonés)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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